Escribir es una forma de terapia. A veces me pregunto cómo se las arreglan los que no escriben, los que no componen música o pintan, para escapar de la locura, de la melancolía, del terror pánico inherente a la condición humana


Graham Greene, escritor inglés

miércoles, 18 de noviembre de 2015

Dulce Hogar

Nicolás gozaba volando de la mano de su imaginación. Disfrute de un vuelo tan travieso como perfecto. Ni muy rápido ni muy lento, no iba zigzagueando o en línea recta, él gozaba de un vuelo niño. Volaba jugando con el aire y el calor plasmado en sus mejillas. A su paso vivió las más hermosas aventuras de dragones y princesas rescatadas.
Como un barrilete subía y bajaba, remontaba los vientos al compás de la música en los latidos de su corazón. Anhelaba cada día perderse entre los cerros más altos de las sierras y naufragar entre los arboles abuelos de los bosques.

Poseído por su mundo, donde la realidad estaba en lo que sus ojos veían y la fantasía en lo que la gente de afuera vivía, Nicolás, alimentado de amor y cotidianidad, criado entre la escasez pero a su vez en la más pura humildad, fue el creador del entorno más hermoso en la historia de las imaginaciones.  Abrazaba con sus enormes alas el paisaje que había logrado sembrar en su alma y hoy cosechaba con sus ojos.


Él no fue el dueño de un lugar perfecto sino el autor de la visión más bella.

Autora: Azul Jazmín Morales

Lengua y Literatura 2015

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