Nicolás gozaba volando de la mano de su imaginación.
Disfrute de un vuelo tan travieso como perfecto. Ni muy rápido ni muy lento, no
iba zigzagueando o en línea recta, él gozaba de un vuelo niño. Volaba jugando
con el aire y el calor plasmado en sus mejillas. A su paso vivió las más
hermosas aventuras de dragones y princesas rescatadas.
Como un barrilete subía y bajaba, remontaba los vientos al
compás de la música en los latidos de su corazón. Anhelaba cada día perderse
entre los cerros más altos de las sierras y naufragar entre los arboles abuelos
de los bosques.
Poseído por su mundo, donde la realidad estaba en lo que sus
ojos veían y la fantasía en lo que la gente de afuera vivía, Nicolás,
alimentado de amor y cotidianidad, criado entre la escasez pero a su vez en la
más pura humildad, fue el creador del entorno más hermoso en la historia de las
imaginaciones. Abrazaba con sus enormes
alas el paisaje que había logrado sembrar en su alma y hoy cosechaba con sus
ojos.
Él no fue el dueño de un lugar perfecto sino el autor de la
visión más bella.
Autora: Azul Jazmín Morales
Lengua y Literatura 2015

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