Escribir es una forma de terapia. A veces me pregunto cómo se las arreglan los que no escriben, los que no componen música o pintan, para escapar de la locura, de la melancolía, del terror pánico inherente a la condición humana


Graham Greene, escritor inglés

viernes, 31 de octubre de 2014

cuento 4to b

jueves, 30 de octubre de 2014

cuento de 4° a

viernes, 26 de septiembre de 2014


Recuerdo que cuando era niña sentía una gran pasión por los planetas. Me daba intriga saber qué había en ellos, quería sentir el calor del sol y comer el queso que había en la luna. Todas las noches me asomaba por la ventana con mis binoculares para ver estrellas fugaces, siendo que vivía en la ciudad y las estrellas eran apenas visibles. Lo más cercano al espacio exterior que tenía era un libro que me había regalado mi abuela. En él habían imágenes e información sobre cada uno de los planetas del sistema solar, y me había enamorado profundamente de cada uno de ellos, con sus variedades de colores y tamaños. Mi mamá me había llevado a un planetario, y ahí conocí más cosas. Me di cuenta que no todo era bello en el espacio, y que había cosas feas. Ahí nació mi miedo a los meteoritos y los hoyos negros, dejándome sin sueño durante un tiempo. Empecé a averiguar sobre ellos, aprendiendo que nuestros antepasados los dinosaurios se habían extinto por un meteorito, así, me daba más terror la idea de que existan. 

Pasado un tiempo, nos mudamos al campo: me hizo más que feliz ya que por fin vería todos los planetas y estrellas que quisiera. Llegado mi cumpleaños, mi mamá me regaló un telescopio para sentirme más cerca de los planetas y de mis sueños, pasaba días y noches observando la belleza que se encontraba en el cielo, ampliando mis deseos de llegar allí. Aprendí muchísimo a lo largo de mi vida sobre los planetas, como la lluvia acida en Venus, o la cantidad de satélites que tienen Neptuno y Júpiter. Mis deseos de llegar al espacio siempre fueron más allá de lo común, llegué a la NASA con tan solo 15 años, gracias a un concurso de Astronomía en el cual me inscribí. Estudié toda mi secundaria en un colegio especializado en Física y Astronomía y me gradué, ganando una beca en la mejor universidad de Astronomía del país. Me esforcé mucho a lo largo de mi vida para llegar a tocar el oscuro espacio exterior, siendo el día de mi graduación el más feliz de mi existencia, ya que me sentía a un paso de tener la enormidad del cielo en mis manos.

Hoy los veo a todos desde muy lejos, y no porque haya muerto. Estoy dentro de una nave espacial viajando hacia la luna, nuestro querido satélite blanco “hecho de queso”, viendo a mi amado planeta Tierra del tamaño de una pelota de futbol, buscando mi casa desde lo lejos, deseando la felicidad de mi familia, anhelando tocar la luna y cada uno de los planetas de nuestra gran galaxia.



Canción a elección del lector.




Camila Oropeza Pampin (15 años)

(hacia) Adentro



Ese sentimiento que en las noches te ayuda a cerrar los ojos lentamente, sin que tu conciencia lo impida. Que la risa te sale libremente al igual que tus pensamientos, que  fluyen tal cual son. Que tus cabellos juegan con el viento; también  tu cuerpo danza felizmente al son de los árboles, alegre, se mezcla con ritmo tranquilo, y ahí es cuando te das cuenta que la paz está en tu interior.


Prosa poética, Celeste Ríos (16 años). Finalista argentina en el Concurso de Poesía organizado por SIPEA